¡¡¡Hola, madafakers!!!... ¿Cómo están todos? Aquí el loco, dando los últimos coletazos al verano, ya que es mi última semana de vacaciones, y luego volvemos nuevamente a esa rueda de hámster que es esta sociedad de consumo... o terminemos en el próximo apocalipsis de Netflix. Sea como sea, agosto es un mes bastante importante, no solo por las vacaciones, sino porque, gracias a mi señora madre, es este mes cuando nací... y por esa razón caen algunas películas en mi colección. Por cierto, gracias a todos por sus saludos ese día.
Por lo tanto, acabo de hacer un clickbait... mira cómo sé hacer marketing... ¡¡¡jejej!!!. El otro día estuve por el Outlet de San Vicente y, en la tienda de El Corte Inglés, me encontré una estantería llena de películas de saldo (me parece que las ventas del formato físico no van muy bien, para variar). Y como un cerdo empecé a revolver, rebuscando entre la maraña de cine indie y comedias románticas de Antena 3; y mientras uno intenta convencerse de que ya tiene suficientes películas, siempre aparece alguna que otra joyita que te susurra desde la estantería... cómprame, cómprame.
Bueno, la carne es débil y si no hubiera comprado estas películas, no estaría escribiendo ahora mismo. Y así es como, poco a poco, la filmoteca sigue creciendo. Cada vez más grande, cada vez más variopinta y, sobre todo, cada vez más enfermiza.
Hoy tenemos algo de culto, cine extremo, zombies, terror psicológico y alguna que otra película que probablemente no debería estar al alcance de una persona con una tarjeta de crédito. Pero bueno... aquí hemos venido a hablar de cine, no de responsabilidad financiera... por lo tanto, ¡¡¡EMPEZAMOS!!!
Último
dato... desde 2019 no hago una entrada de compras.
EL MAL QUE HACEN LOS HOMBRES – 2015
La primera adquisición de este mes es El mal que hacen los hombres, película española dirigida por Ramón Térmens y estrenada en 2015. Y aquí cambiamos un poco de tercio porque no todo va a ser monstruos, zombies, mutaciones y gente con problemas serios de personalidad.
Aunque pensándolo bien... en esta película tampoco es que falten precisamente. La historia nos mete de lleno en el mundo del crimen organizado, los secuestros y la violencia, siguiendo a un sicario que recibe el encargo de custodiar a un hombre secuestrado. Y claro... lo que en principio parece un trabajo más termina convirtiéndose en algo bastante más complicado.
Porque al final resulta que el ser humano puede ser bastante más hijo de perra que cualquier criatura salida de una película de terror. Y eso es algo que siempre me ha gustado del cine, a veces basta con poner a cuatro seres humanos encerrados en una habitación y dejar que empiecen a tomar decisiones. El resultado puede ser bastante más terrorífico.
Esta era una de esas películas que tenía pendientes y finalmente ha terminado formando parte de la colección. Una más para la estantería.
MELANIE: APOCALIPSIS ZOMBIE
La siguiente adquisición es Melanie: Apocalipsis Zombie, título con el que llegó a España The Girl with All the Gifts, y sí...VOLVEMOS A LOS ZOMBIES. Porque parece que por mucho que pasen los años uno nunca termina de cansarse de los muertos vivientes. Esta película está basada en la novela de y nos presenta un mundo devastado por una infección que ha dejado a la humanidad prácticamente contra las cuerdas.
Pero aquí hay una pequeña diferencia. La protagonista, Melanie, es una niña que pertenece a una segunda generación de infectados y que, pese a su condición, conserva ciertas capacidades que la diferencian de los demás. Y ahí es donde la película empieza a jugar con una idea que me resulta bastante interesante, ¿si estos seres no fueran simplemente una enfermedad?, ¿si fueran algo más?
¿Y si lo que estamos viendo no fuera necesariamente el final de la humanidad, sino el principio de otra cosa? Ya estamos otra vez con estas cosas... El ser humano intentando sobrevivir mientras aquello que ha creado comienza a sustituirlo. Muy tranquilizador todo.
La película tiene además ese punto de ciencia ficción postapocalíptica que me gusta bastante y que hace que no sea simplemente otra película de zombies dando vueltas por ahí buscando a quién comerse. Así que otra que se viene para casa.
EXCISION – 2012
Y ahora viene una de esas películas que cuando uno la enseña a alguien probablemente provoca una reacción del tipo... ¿Pero qué coño compras tú?
Pues Excision, señoras y señores.
Película de 2012 dirigida por Richard Bates Jr. Aquí tenemos a Pauline, una adolescente bastante peculiar que siente una fascinación enfermiza por la medicina, las operaciones quirúrgicas y todo aquello relacionado con la sangre y el cuerpo humano.
Vamos... una muchacha encantadora, de esas que cualquier madre estaría encantada de llevar a casa para que se hiciera amiga de su hija.
Pauline vive además una adolescencia bastante complicada, con problemas familiares, inseguridades y una personalidad que digamos que no termina de encajar demasiado bien con el resto del mundo. Y todo esto lo vamos viendo acompañado de unas fantasías bastante... particulares, muy particulares.
De esas que hacen que uno se quede mirando la pantalla pensando... bueno... creo que esto se le está yendo un poquito de las manos. La película mezcla horror corporal, humor negro, adolescencia y bastante mala leche. Y precisamente por eso tenía ganas de tenerla en la colección.
Porque ya saben ustedes que aquí no discriminamos. Si una película puede resultar incómoda, desagradable, enfermiza o directamente hacer que alguien abandone el salón... Tiene posibilidades de acabar en mi estantería.
TROUBLE EVERY DAY – 2001
Y llegamos a la última adquisición de este mes, y probablemente a la más peculiar de todas.
Trouble Every Day, película francesa de 2001 dirigida por Claire Denis y protagonizada por Vincent Gallo y Béatrice Dalle.
Aquí ya entramos en terrenos bastante más complicados, porque esta no es una película de terror convencional, tenemos deseo, obsesión, violencia, sangre y una relación bastante jodida con el propio cuerpo.
La película gira alrededor de unos personajes dominados por unos impulsos que no parecen capaces de controlar y que terminan llevando el deseo hasta un terreno bastante más oscuro, y cuando digo oscuro... pues eso, MUY OSCURO.
Es una película que se mueve mucho más por las sensaciones que por la estructura tradicional de una película de terror.
Aquí la cosa es bastante más fría, más enfermiza, más incómoda.
Posiblemente bastante más difícil de explicar a alguien sin que piense que uno tiene serios problemas mentales, pero precisamente por eso me interesa.
El jugar con nuestros propios instintos y llevarlos hasta un lugar donde ya no sabemos muy bien si estamos viendo una historia de terror, una historia de deseo o directamente una pesadilla.
Y claro... una película así no podía faltar en mi colección.
Y hasta aquí las adquisiciones de agosto... pues estas son las cuatro nuevas criaturas que han pasado a engrosar las filas de mi infame filmoteca.
No
he querido profundizar en ellas porque creo que seria interesante
explorarlas con su debido tiempo. Si tienen alguna recomendación
para hacer, estoy encantado de leerlos en comentarios.
Y
eso significa que tarde o temprano tendré que pasar por el su
correspondiente visionado, porque esta claro que ejercer ese
ejercicio hedonista, que es comprar películas está muy bien... pero
luego viene la parte complicada... que es verla.
Que parece una tontería, pero cuando uno empieza a acumular películas como si estuviera preparando un búnker para el próximo apocalipsis de Netflix, la cosa se complica.
Así que nada... como
si fuéramos una persona con síndrome de Diogenes no diagnostico, seguiremos aumentando la colección, buscando esas pequeñas joyas escondidas entre toneladas de películas.
Y seguiremos dejando que la estantería crezca mientras la cartera llora desconsoladamente en una esquina, como debe ser.
Hola Madafakas... ¿como están todos? Como ven estoy de
vacaciones y como siempre pasa este tiempo que tengo me da para
divagar y escribir un poco. Y el motivo de esto fue la ultima
“sensación” de Netflix. Este fin de semana me puse a ver la
película de moda de La última casa.
Esta no es una reseña de la película, es más, si quieres saber
que opino, lo diré cortito y al pie, es una película normalita de
supervivencia, que decidí verla porque en un Tik Tok salio diciendo
alguien, “¿es La Ultima Casa una película lovecraftiana?”. Ya te
digo yo que no. Que en un film, haya criaturas con tentáculos no la
convierte en horror cósmico.
La última casa es una película más de terror, ciencia ficción y
supervivencia de esas que últimamente aparecen con churros en las
plataformas. Pero mientras la veía me ocurrió algo que,
probablemente, tenga más que ver conmigo que con la película.
Empecé a ver patrones, no patrones concretos de la trama, sino
una especie de plantilla narrativa que llevo años
viendo repetirse.
Una familia, un grupo reducido de personas, una amenaza exterior
que no se comprende del todo, un refugio, una serie de reglas que hay
que respetar, la falta de información, los recursos que escasean, la
desconfianza hacia el exterior como método de protección, incluso
hacia los propios supervivientes, las instituciones han desaparecido
o son incapaces de intervenir, y finalmente, una única prioridad:
sobrevivir.
Y entonces viene esta pregunta a mi cabeza: ¿no llevo diez años
viendo prácticamente la misma pelí? No la misma historia,
evidentemente. pero sí la misma estructura.
Una estructura que, curiosamente, ya estaba prácticamente
inventada hace más de medio siglo. En 1968, George A. Romero estrenó La noche de los muertos
vivientes,y me parece un
buen punto de inicio para empezar.
La casa de Romero
Vamos a ser claros... si quitamos los zombis de La noche de
los muertos vivientes, nos queda una estructura que seguimos
viendo una y otra vez.
Un grupo reducido queda encerrado en una casa, fuera hay una
amenaza que no comprende completamente, los recursos son limitados,
la información es escasa, no sabemos exactamente qué está
ocurriendo en el mundo exterior, las autoridades están ausentes, los
supervivientes empiezan a enfrentarse entre ellos. Y la verdadera
amenaza termina siendo tanto lo que
está fuera como la
incapacidad de los que están dentro para ponerse de acuerdo.
Obviamente no digo que Romero no inventó todos estos elementos,
naturalmente, pero construyó una de las plantillas fundamentales del
cine de supervivencia moderno. (Sino preguntarle a The Walking Dead
con sus 10 temporadas)
Y hay algo muy importante en aquella película, l a casa funciona
como una miniatura de la sociedad. Los conflictos
que existen en el exterior no desaparecen porque haya llegado el
apocalipsis. Al contrario, están dentro reflejado en cada integrante
del núcleo, tanto como la autoridad, la violencia, el miedo, el
racismo, la desconfianza, las diferencias de clase y los
enfrentamientos ideológicos. Todos esos rasgos se acentúan dentro
de la casa (como en la casa de Gran Hermano)
Y tener en cuenta una cosa, y es que La noche de los muertos
vivientes aparece en 1968, en uno de los momentos de mayor
convulsión social de la historia reciente de Estados Unidos...
Romero jura y perjura que e la dimensión racial de Ben no fue
concebida originalmente como una declaración política: Duane Jones
consiguió el papel y Romero decidió mantenerlo sin modificar el
personaje por su raza... pero es innegable que la película terminó
absorbiendo el clima de su época como si de una esponja se tratara.
Y ese es uno de las primera pista sobre lo que puede hacer el
cine: no siempre necesita proponerse representar una sociedad
para terminar representándola.
El patrón que se repite una ,y otra, y otra, y otra vez...
Pequeño disclaimer... dejo fuera del análisis todas las
películas de zombies, ya que de una manera u otra copian la
plantilla de Romero de forma descarada, esta claro que con sus
matices pero no dejan de repetir la formula una y otra y otra y otra
vez...
Hagamos un saltemos ahora medio siglo, y es que durante la última
década, si lo se...hay más películas pero vamos a manejarnos en
este marco temporal de diez años, el cine fantástico occidental ha
producido una cantidad ingente de historias que vuelven a aquella
casa.
Pero con una diferencia, dejamos los zombies y encontramos
criaturas, epidemias, fenómenos inexplicables, invasiones, amenazas
invisibles, colapsos tecnológicos, catástrofes ambientales, fuerzas
sobrenaturales, y sin embargo, la estructura se repite, una y otra y
otra y otra vez...
En 2016, Calle 10 Cloverfield tenemos un refugio y una
amenaza exterior que no podemos verificar.
En 2017, Llega la noche, una familia aislada intenta
sobrevivir mientras la confianza entre los supervivientes se
desmorona.
En en 2018, Await Further Instructions, una familia queda
encerrada mientras la televisión empieza a transmitir instrucciones
cada vez más inquietantes.
En 2018, Un lugar tranquilo y
sus secuelas del 2020 y 2024, nos muestra a una familia
sobrevive siguiendo una regla sencilla y brutal: hacer ruido
significa morir.
En 2018, Bird Box y su
secuela de 2023 ambientada en Barcelona, mirar
puede significar la muerte.
En 2019, The Silence, otra familia intenta atravesar un
mundo dominado por criaturas que responden al sonido, ¿sincronicidad
o una mera copia de un lugar tranquilo?.
En 2021, Silent Night, una familia se reúne para pasar
las últimas horas antes de una catástrofe inevitable.
En 2023, Dejar el mundo atrás, la tecnología y
las comunicaciones comienzan a desaparecer y nadie sabe exactamente
qué está ocurriendo.
En 2024, Arcadian, una familia intenta sobrevivir aislada
mientras el exterior se convierte en territorio hostil.
Y ahora en 2026 tenemos La última casa y
seguro me estoy dejando películas, si conoces alguna dejámela en
comentarios.
En todas estas cambian los
monstruos, las reglas, cambian los presupuestos, los actores, pero la
plantilla sigue repitiéndose, una y otra y otra y otra vez...
Amenaza.
Aislamiento.
Refugio.
Escasez.
Desinformación.
Desconfianza.
Familia.
Supervivencia.
Y cuanto más películas empiezas a colocar unas junto a otras,
más difícil resulta no preguntarse si estamos ante algo más que
una moda.
¿El apocalipsis ya no se combate?
Aquí es donde creo que se produce el cambio más patente.
Durante buena parte de la ciencia ficción del siglo XX, el futuro
podía ser terrible... muy terrible. Pero todavía existía una idea
poderosa y es que la humanidad podía enfrentarse al problema
como colectivo.
La amenaza podía ser una guerra nuclear, una inteligencia
artificial, una invasión extraterrestre, una catástrofe ecológica,
una sociedad totalitaria.
Pero la pregunta era, ¿cómo conseguimos solucionar esto?
Y, muchas veces, la respuesta implicaba la organización de
científicos, gobiernos, ejércitos, comunidades, sociedades, en
definitiva la humanidad en su conjunto.
Estas películas podrían pecar de naíf con la visión actual,
pero el problema tenía una dimensión colectiva, el futuro era algo
que construíamos entre todos.
Ahora parece que estamos empezando a contar otra historia, el
mundo se acaba y con eso se derriba todo lo que como sociedad hemos
construido, las instituciones, las comunicaciones fallan, los
gobiernos no llegan, nuestros vecinos son sospechosos, la información
deja de ser fiable.
Y entonces la solución es... cierra
la puerta, guarda comida, protege a
tus hijos, no confíes en nadie y papel higiénico eso no lo
olvidemos. En pocas palabras sobrevive.
La familia como última institución
Este quizá sea el tropo más repetido de todos: La familia. no la
sociedad, ni la comunidad ni pensar en la nación... La
familia.
En Un lugar Tranquilo no tenemos que salvar a la
humanidad, tenemos que salvar a los hijos. En Bird Box, la
supervivencia gira alrededor de la protección de los niños. En
Arcadian, todo se reduce a una familia intentando resistir.
En muchas de estas historias, cuando las instituciones
desaparecen, queda una única estructura que todavía funciona y esta
es la familia.
Y aquí es donde aparece una idea que me resulta bastante
inquietante.
El cine no necesita decirnos, “El individualismo es bueno”,
obvio nadie lo diría... ¿o si?.
El hecho de mostrarnos una y otra, y otra, y otra vez que, cuando
llega el desastre, el Estado falla, la comunidad falla, las
instituciones fallan, la sociedad se desintegra, y lo único
que queda es el pequeño grupo, la familia, los nuestros, o incluso
mas reduccionista, nosotros mismos.
Al ver una película así, no pensamos necesariamente que el
individualismo sea deseable, pero claro sí en todas estas historia
es la única
estrategia que funciona, parece que estamos creando un imaginario
colectivo.
¿Nos están enseñando a sobrevivir solos?
A ver, a ver... no estoy loco (aunque lo parezca) ni tampoco me
coloque el gorro de aluminio... peeeerrrroooooo... bueno no digo que
exista una conspiración.
No creo que haya una habitación secreta en Hollywood, donde se
junten los amigos de Epstein diciendo:
«Compañeros, tenemos que conseguir que la población
deje de confiar en la comunidad. Para ello necesitaremos siete
películas de familias encerradas y tres de criaturas nocturnas.»
Esta claro que no... ¿¿ o
si??...lo que si esta claro es que cuestión, el
cine recoge las pulsiones de una sociedad, las amplifica y después
se las devuelve convertidas en imágenes.
Es un circuito, en la sociedad existe determinado caldo de cultivo
que lo recoge la ficción, volcándola nuevamente en ella. Y si una
sociedad empieza a perder confianza en sus instituciones, en su
futuro o en su capacidad de resolver problemas colectivamente, es
lógico que esas ansiedades aparezcan en sus historias.
Pero existe una segunda parte, y es que cuando esas historias se
repiten, también contribuyen a construir nuestra imaginación
del futuro. Y creo que esa es la clave, porque quizá nadie
esté intentando inculcarnos nada.... simplemente estamos empezando a
ser incapaces de imaginar otra cosa.
Podemos resumir la diferencia de una manera bastante brutal.
En la ciencia ficción clásica podía preguntarse:
¿Cómo salvamos a la humanidad?
El cine contemporáneo de supervivencia pregunta:
¿Cómo salvo a mi familia?
Y estas son preguntas radicalmente diferentes, en una se requiere
una organización y la otra requiere protección.
Mientras que una necesita la cooperación de muchos individuos
para ese fin, la otra necesita confianza dentro del pequeño grupo.
Una planificación a largo plazo y la otra necesita llegar vivo a
mañana. Y acá aparezca el verdadero cambio cultural.
Hemos dejado de imaginar el futuro como proyecto y hemos
empezado a imaginarlo como amenaza.
Y entonces llegó COVID
Como olvidar la pandemia.... obvio la pandemia no creo este tipo
de cine películas como Calle Cloverfield 10, Llega la
noche, Un Lugar Tranquilo o Bird Box ya
existían antes de 2020, pero el COVID pudo actuar como un
catalizador brutal de este imaginario.
Porque durante unos meses y para millones de personas durante
mucho más tiempo, vivimos literalmente una versión suavizada de
muchas de estas premisas.
La casa se convirtió en refugio, las calles quedaron vacías, el
contacto con los demás podía representar un riesgo, las
comunicaciones se volvieron esenciales, la información cambiaba
constantemente, las autoridades dictaban instrucciones, los
supermercados se convirtieron en lugares de ansiedad. Y así millones
de personas experimentaron algo que hasta entonces parecía
exclusivamente cinematográfico:
el mundo cotidiano podía dejar de funcionar de un día
para otro.
La pandemia también nos recordó algo incómodo, y es que nuestra
vida depende de una gigantesca red de instituciones, infraestructuras
y personas que normalmente ni siquiera vemos.
Y cuando empiezas a desconfiar de esa red, la imaginación se
repliega.
¿Qué queda si todo falla? Mi casa.... Mi comida.... Mi
familia.... Mis recursos... Yo... mi papel higiénico.
El verdadero monstruo es la desconfianza
Por eso Await Further Instructions me parece una película
especialmente importante dentro de este recorrido, porque en esta
película el monstruo ni siquiera necesita aparecer.
Tenemos una televisión, de esta se desprende instrucciones y hay
una familia encerrada. Presentándonos este problema fundamental,
el de ¿quién está
diciendo la verdad? Esa es una
pregunta es extraordinariamente contemporánea.
En Dejar el mundo atrás (dentro de mi opinión, de todas
estas películas es la que más me ha gustado) ocurre algo parecido.
El problema no es solamente la catástrofe, es que nadie sabe
interpretarla que esta ocurriendo, ni quién tiene razón.
No podemos fiarnos de la
información, ni confiar en el gobierno, ni del vecinos. Llevando
esta desconfianza a no poder confiar en nuestra propia percepción.
La amenaza exterior importante,
pero la pérdida de
confianza es lo que destruye la posibilidad de cooperación.
Y aquí aparece China
Y aquí es donde la cosa se pone
chida... ejjeje
Porque mientras buena parte del
cine occidental contemporáneo parece obsesionado con la pregunta ,
¿cómo sobrevivimos
cuando todo se derrumba?, la
ciencia ficción china sigue haciendo otra pregunta que me parece
potentisima , y es ¿qué
podemos construir para impedir que la humanidad se derrumbe?.
El
ejemplo más evidente es La
Tierra Errante de
de
2019 dirigida por Frant
Gwo y
basada en la novela
corta del
mismo nombre del autor chino Liu
Cixin, ganador
del Premio
Locus y
el Premio
Hugo.
La premisa es casi delirante, el Sol está condenado y la
humanidad decide construir gigantescos motores para sacar la Tierra
de su órbita y trasladarla a otro sistema. En esta pelicula no hay
una familia
escondida en una casa, ni un pequeño grupo esperando que pase la
tormenta, es la
humanidad entera es el protagonista.
Y en La Tierra Errante 2 esta dimensión
colectiva se amplía todavía más,
vemos una total participación en un proyecto cuya escala es
literalmente planetaria, y con esto nos alejamos de ¿como salvo a mi
hijo?, a ¿qué
tenemos que construir para que nuestra especie tenga futuro?
Y antes de que lo digas,
lo sé… la comparación puede resultar un
poco tramposa, La
Tierra Errante
es una superproducción de una escala difícilmente comparable con
buena parte de las películas que estamos comentando. Pero incluso si
buscamos ejemplos occidentales de gran presupuesto, como Interstellar
o la más reciente Proyecto
Salvación,
seguimos encontrando una narrativa articulada alrededor de figuras
individuales que terminan cargando sobre sus hombros el destino de la
humanidad. En La
Tierra Errante,
en cambio, ocurre algo radicalmente distinto: el
colectivo es el verdadero protagonista y el motor (y nunca mejor
dicho) de la historia.
No hay un héroe capaz de salvarnos por sí solo; hay una
civilización entera intentando encontrar una solución a un problema
que ningún individuo podría resolver.
Lo curioso es que es innegable que China y su ciencia ficción,
todavía mira hacia adelante. Este fenómeno no puede recordarnos más
a la ciencia ficción occidental de mediados del siglo XX que al
Hollywood actual, a autores como Asimov, Arthur C. Clarke, etc.
Nos recuerda a ese momento en el que la ciencia ficción no estaba
solamente interesada en imaginar cómo sería el fin de la
civilización, sino en imaginar qué podría llegar
a ser la civilización, el espacio, la ingeniería, las
ciudades futuras, la energía, la colonización, la tecnología y la
humanidad transformando su entorno. Donde los problemas gigantescos
requieran soluciones gigantescas.
No significa que el cine chino sea inocente, ni que su visión
colectiva carezca de una dimensión política o propagandística...
esta claro que la tiene y justamente por eso resulta interesante. Porque incluso cuando transmite una visión ideológica, sigue
imaginando un futuro.
Quizá podamos resumir todo este asunto en dos ideas.
Idea occidental contemporánea
Una casa.
Una familia.
Las ventanas cerradas.
La televisión no funciona.
Hay algo fuera.
No sabemos qué es.
No sabemos cuánto tiempo podremos aguantar.
Tenemos comida para unos días.
No podemos confiar en nadie.
Hay que sobrevivir.
Idea de La Tierra Errante
La Tierra.
Miles de motores.
Millones de personas.
Científicos.
Trabajadores.
Naciones.
Una civilización entera construyendo una máquina imposible.
Hay que encontrar un futuro.
Y quizá ambas ideas estén hablando exactamente del mismo miedo,
de que futuro puede ser hostil. Con la diferencia de las respuestas
que dan a este, una nos dice “protégete” y la otra nos dice
“organízate”.
Pero, ¿que ha pachado?
Yo no tengo una respuesta definitiva, y quizá sería arrogante
pretender tenerla (¿arrogante yo?... ¡¡naaaaaaa!!)
El cine responde a muchas cosas: economía, industria, tendencias,
plataformas, tecnología, experiencias históricas y, por supuesto, a
lo que el público quiere consumir. Hace unos años estábamos
sumergidos en la vorágine del cine superheroico y mira ahora.
Pero me cuesta creer que la
repetición de esta plantilla durante tantos años sea completamente
inocente en el sentido cultural. No porque alguien las esté
imponiendo, sino porque algo
de nosotros las está pidiendo.
Ese miedo a perderlo todo y de
depender de otros, el miedo a que las instituciones fallen, de que
nadie venga, de que nuestros hijos no tengan un futuro mejor. Y
quizá, sobre todo, el miedo a que los grandes problemas de nuestro
tiempo sean demasiado grandes para que podamos solucionarlos
colectivamente.
Por eso resulta tan tentadora la
fantasía del refugio, porque el refugio promete algo que la sociedad
ya no puede garantizar y eso es el control.
En esa linea que trazamos en el suelo donde decimos, aquí
están mis cosas, aquí está mi familia, aquí están mis reglas,
aquí sé qué puedo hacer....y aquí puedo cerrar la puerta.
El problema no es que queramos sobrevivir
Sobrevivir es bastante normal, todos en una situación así
queremos sobrellevarlo lo mejor posible. Pero creo que el problema
aparece cuando la supervivencia es lo único que somos
capaces de imaginar. Porque una civilización que solo
imagina cómo resistir el próximo desastre tiene dificultades para
imaginar qué quiere construir después.
Y aquí es donde creo que se encuentra la diferencia fundamental, q uizá la gran pregunta que deberíamos hacerle al cine fantástico
contemporáneo no sea:
“¿Por qué hay tantos apocalipsis?”
Sino:
“¿Por qué nos cuesta tanto imaginar qué
viene después?”
Porque podemos imaginar el monstruo, la pandemia, el colapso, la
guerra, la casa cerrada, al padre protegiendo a sus hijos, al
individuo sobreviviendo. Lo que
cada vez parece más difícil es imaginar a
millones de personas organizándose para construir algo que todavía
no existe.
Y eso sí me parece una cuestión preocupante, no porque el cine
nos esté adoctrinando, sino porque quizá el cine esté reflejando
algo que ya estaba dentro de nosotros. Hemos
empezado a imaginar el futuro como algo de lo que hay que protegerse,
en lugar de como algo que podemos construir.
Quizá ese sea el verdadero
monstruo que lleva diez años entrando por nuestras pantallas,
no los zombies, ni las criaturas o
las pandemias, sino la
pérdida de la capacidad de imaginar un futuro colectivo.
Quizá
el mundo real sea menos pesimista que nuestras películas
Hay una última cosa que quiero añadir antes de cerrar esta
parrafada que me mande, porque después de toooodooooo
lo que he escrito, alguien podría pensar que estoy diciendo que nos
hemos convertido en una sociedad de individuos egoístas, incapaces
de confiar en los demás y obsesionados únicamente con nuestra
propia supervivencia.
Y, sinceramente, no
creo que sea verdad.
También hay que recordar una
cosa: estamos hablando, fundamentalmente, de películas
de terror y el
terror no está diseñado para mostrarnos nuestra mejor cara. El
terror tal como esta construido busca el miedo, la sospecha, la
desconfianza, la violencia, el aislamiento. Quiere preguntarnos qué
ocurriría si desaparecieran el contrato social que mantienen nuestra
vida cotidiana en funcionamiento.
Por eso haya que mirar también hacia fuera de la pantalla, porque
si observamos lo que ocurre en el mundo real cuando llegan las
catástrofes, encontramos una imagen distinta.
Durante la pandemia vimos algo que probablemente habría sido
difícil de imaginar unos meses antes: personas organizándose
espontáneamente para ayudar a otras, gente haciendo la compra a sus
vecinos mayores, personas cuidando de quienes no podían salir y
redes de voluntarios.
Personas que, sin conocerse, decidían que alguien que vivía unas
calles más allá también era, de alguna manera, responsabilidad
suya. Por algo hacíamos, el gesto de salir a aplaudir a las 8 por
los médicos, que se jugaban su vida por los demás.
Y algo parecido volvió a ocurrir aquí, en Valencia, durante la
DANA.
Cuando las infraestructuras quedaron desbordadas y hubo lugares a
los que la ayuda institucional tardó en llegar, aparecieron miles de
personas con sus propios medios.
Gente agarrando el coche, llevando herramientas, llevando comida,
limpiando barro, organizando almacenes improvisados o gente
preguntando simplemente,¿qué hace falta?
Y en situaciones parecidas en otros lugares
como en terremotos y catástrofes.
No digo que la solidaridad sea perfecta, ni que las sociedades
reaccionen siempre bien, ni que el ser humano sea una criatura
angelical que, cuando llega el desastre, descubre inmediatamente el
poder del amor y la amistad.
También existen saqueos, violencia, acaparamiento, desconfianza,
egoísmo. Por supuesto que existen, pero precisamente por eso me
parece interesante, porque la
realidad parece ser mucho
más contradictoria que nuestras películas.
Cuando llega una catástrofe, algunas personas intentan salvarse.
Pero otras hacen algo que resulta bastante menos espectacular
cinematográficamente, ayudan
a alguien que no conocen.
Y tendría que darme cuenta que
el cine contemporáneo esté obsesionado con el individuo, porque el
miedo funciona mejor cuando nos deja solos, donde el
vecino resulte una amenaza para que la casa se convierta en un
refugio, y pensar que nadie vendrá para que el protagonista tenga
algo contra lo que luchar.
Pero la realidad nos demuestra que cuando las estructuras
fallan, no siempre
nos encerramos y salimos
de casa.
Llevamos años haciendo películas sobre personas que cierran
puertas para sobrevivir.
Mientras tanto, cada vez que
ocurre una desgracia, encontramos personas que hacen lo contrario,
abren las puertas.
Porque si algún día llega de
verdad ese apocalipsis que tanto nos gusta imaginar en el cine, quizá
descubramos que nuestra mejor posibilidad de supervivencia no estaba
detrás de una puerta cerrada, estaba al
otro lado con los
demás.
Y solo quizás no
hayamos olvidado cómo ayudarnos, sino simplemente
hemos olvidado cómo imaginarlo en las películas.
Dos nuevas incorporaciones a la colección. Hoy os enseño las ediciones de Spasmo Video de Atroz y Found, dos películas que han dejado huella en el cine de terror independiente por su crudeza y su capacidad para incomodar al espectador. Repasamos la presentación de estas ediciones, su contenido y por qué se han convertido en piezas tan interesantes para cualquier amante del horror más extremo. Y unos hashtags que pueden ayudarte a llegar al público adecuado: #Terror#CineDeTerror#Horror#DVDCollector#Recuerdos
@locomotosierra Dos nuevas incorporaciones a la colección. Hoy os enseño las ediciones de Spasmo Video de Atroz y Found, dos películas que han dejado huella en el cine de terror independiente por su crudeza y su capacidad para incomodar al espectador. Repasamos la presentación de estas ediciones, su contenido y por qué se han convertido en piezas tan interesantes para cualquier amante del horror más extremo. Y unos hashtags que pueden ayudarte a llegar al público adecuado: #Terror#CineDeTerror#Horror#DVDCollector#Recuerdos♬ sonido original - El Loco De La Motosierra