lunes, 17 de agosto de 2026

Cuando el futuro dejó de ser nuestro: del apocalipsis colectivo al sálvese quien pueda


Hola Madafakas... ¿como están todos? Como ven estoy de vacaciones y como siempre pasa este tiempo que tengo me da para divagar y escribir un poco. Y el motivo de esto fue la ultima “sensación” de Netflix. Este fin de semana me puse a ver la película de moda de La última casa.

Esta no es una reseña de la película, es mas si quieres saber que opino lo diré cortito y al pie, es una película normalita de supervivencia, que decidí verla porque en un Tik Tok salio diciendo alguien, “es La Ultima Casa una película lovecraftiana” ya te digo yo que no. Que en un film haya criaturas con tentáculos no la convierte en horror cósmico.


La última casa es una película más de terror, ciencia ficción y supervivencia de esas que últimamente aparecen con churros en las plataformas. Pero mientras la veía me ocurrió algo que, probablemente, tenga más que ver conmigo que con la película.

Empecé a ver patrones, no patrones concretos de la trama, sino una especie de plantilla narrativa que llevo años viendo repetirse.

Una familia, un grupo reducido de personas, una amenaza exterior que no se comprende del todo, un refugio, una serie de reglas que hay que respetar, la falta de información, los recursos que escasean, la desconfianza hacia el exterior como método de protección, incluso hacia los propios supervivientes, las instituciones han desaparecido o son incapaces de intervenir, y finalmente, una única prioridad: sobrevivir.

Y entonces viene esta pregunta a mi cabeza: ¿no llevo diez años viendo prácticamente la misma pelí? No la misma historia, evidentemente. pero sí la misma estructura.

Una estructura que, curiosamente, ya estaba prácticamente inventada hace más de medio siglo. En 1968, George A. Romero estrenó La noche de los muertos vivientes,y me parece un buen punto de inicio para empezar.

La casa de Romero

Vamos hacer claros... si quitamos los zombis de La noche de los muertos vivientes, nos queda una estructura que seguimos viendo una y otra vez.

Un grupo reducido queda encerrado en una casa, fuera hay una amenaza que no comprende completamente, los recursos son limitados, la información es escasa, no sabemos exactamente qué está ocurriendo en el mundo exterior, las autoridades están ausentes, los supervivientes empiezan a enfrentarse entre ellos. Y la verdadera amenaza termina siendo tanto lo que está fuera como la incapacidad de los que están dentro para ponerse de acuerdo.


Obviamente no digo que Romero no inventó todos estos elementos, naturalmente, pero construyó una de las plantillas fundamentales del cine de supervivencia moderno. (Sino preguntarle a The Walking Dead con sus 10 temporadas)

Y hay algo muy importante en aquella película, l a casa funciona como una miniatura de la sociedad. Los conflictos que existen en el exterior no desaparecen porque haya llegado el apocalipsis. Al contrario, están dentro reflejado en cada integrante del núcleo, tanto como la autoridad, la violencia, el miedo, el racismo, la desconfianza, las diferencias de clase y los enfrentamientos ideológicos. Todos esos rasgos se acentúan dentro de la casa (como en la casa de Gran Hermano)


Y tener en cuenta una cosa, y es que La noche de los muertos vivientes aparece en 1968, en uno de los momentos de mayor convulsión social de la historia reciente de Estados Unidos...

Romero jura y perjura que e la dimensión racial de Ben no fue concebida originalmente como una declaración política: Duane Jones consiguió el papel y Romero decidió mantenerlo sin modificar el personaje por su raza... pero es innegable que la película terminó absorbiendo el clima de su época como si de una esponja se tratara.

Y ese es uno de las primera pista sobre lo que puede hacer el cine: no siempre necesita proponerse representar una sociedad para terminar representándola.

El patrón que se repite una ,y otra, y otra, y otra vez...

Pequeño disclaimer... dejo fuera del análisis todas las películas de zombies, ya que de una manera u otra copian la plantilla de Romero de forma descarada, esta claro que con sus matices pero no dejan de repetir la formula una y otra y otra y otra vez...

Hagamos un saltemos ahora medio siglo, y es que durante la última década, si lo se...hay más películas pero vamos a manejarnos en este marco temporal de diez años, el cine fantástico occidental ha producido una cantidad ingente de historias que vuelven a aquella casa.

Pero con una diferencia, dejamos los zombies y encontramos criaturas, epidemias, fenómenos inexplicables, invasiones, amenazas invisibles, colapsos tecnológicos, catástrofes ambientales, fuerzas sobrenaturales, y sin embargo, la estructura se repite, una y otra y otra y otra vez...


En 2016, Calle 10 Cloverfield tenemos un refugio y una amenaza exterior que no podemos verificar.

En 2017, Llega la noche, una familia aislada intenta sobrevivir mientras la confianza entre los supervivientes se desmorona.

En en 2018, Await Further Instructions, una familia queda encerrada mientras la televisión empieza a transmitir instrucciones cada vez más inquietantes.

En 2018, Un lugar tranquilo y sus secuelas del 2020 y 2024, nos muestra a una familia sobrevive siguiendo una regla sencilla y brutal: hacer ruido significa morir.

En 2018, Bird Box y su secuela de 2023 ambientada en Barcelona, mirar puede significar la muerte.

En 2019, The Silence, otra familia intenta atravesar un mundo dominado por criaturas que responden al sonido, ¿sincronicidad o una mera copia de un lugar tranquilo?.

En 2021, Silent Night, una familia se reúne para pasar las últimas horas antes de una catástrofe inevitable.

En 2023, Dejar el mundo atrás, la tecnología y las comunicaciones comienzan a desaparecer y nadie sabe exactamente qué está ocurriendo.

En 2024, Arcadian, una familia intenta sobrevivir aislada mientras el exterior se convierte en territorio hostil.

Y ahora en 2026 tenemos La última casa y seguro me estoy dejando películas, si conoces alguna dejámela en comentarios.

En todas estas cambian los monstruos, las reglas, cambian los presupuestos, los actores, pero la plantilla sigue repitiéndose, una y otra y otra y otra vez...

  • Amenaza.
  • Aislamiento.
  • Refugio.
  • Escasez.
  • Desinformación.
  • Desconfianza.
  • Familia.
  • Supervivencia.

Y cuanto más películas empiezas a colocar unas junto a otras, más difícil resulta no preguntarse si estamos ante algo más que una moda.

¿El apocalipsis ya no se combate?

Aquí es donde creo que se produce el cambio más patente.

Durante buena parte de la ciencia ficción del siglo XX, el futuro podía ser terrible... muy terrible. Pero todavía existía una idea poderosa y es que la humanidad podía enfrentarse al problema como colectivo.

La amenaza podía ser una guerra nuclear, una inteligencia artificial, una invasión extraterrestre, una catástrofe ecológica, una sociedad totalitaria.

Pero la pregunta era, ¿cómo conseguimos solucionar esto?

Y, muchas veces, la respuesta implicaba la organización de científicos, gobiernos, ejércitos, comunidades, sociedades, en definitiva la humanidad en su conjunto.

Estas películas podrían pecar de naíf con la visión actual, pero el problema tenía una dimensión colectiva, el futuro era algo que construíamos entre todos.

Ahora parece que estamos empezando a contar otra historia, el mundo se acaba y con eso se derriba todo lo que como sociedad hemos construido, las instituciones, las comunicaciones fallan, los gobiernos no llegan, nuestros vecinos son sospechosos, la información deja de ser fiable.

Y entonces la solución es... cierra la puerta, guarda comida, protege a tus hijos, no confíes en nadie y papel higiénico eso no lo olvidemos. En pocas palabras sobrevive.


La familia como última institución

Este quizá sea el tropo más repetido de todos: La familia. no la sociedad, ni la comunidad ni pensar en la nación... La familia.

En Un lugar Tranquilo no tenemos que salvar a la humanidad, tenemos que salvar a los hijos. En Bird Box, la supervivencia gira alrededor de la protección de los niños. En Arcadian, todo se reduce a una familia intentando resistir.

En muchas de estas historias, cuando las instituciones desaparecen, queda una única estructura que todavía funciona y esta es la familia.

Y aquí es donde aparece una idea que me resulta bastante inquietante.

El cine no necesita decirnos, “El individualismo es bueno”, obvio nadie lo diría... ¿o si?.

El hecho de mostrarnos una y otra, y otra, y otra vez que, cuando llega el desastre, el Estado falla, la comunidad falla, las instituciones fallan, la sociedad se desintegra, y lo único que queda es el pequeño grupo, la familia, los nuestros, o incluso mas reduccionista, nosotros mismos.

Al ver una película así, no pensamos necesariamente que el individualismo sea deseable, pero claro sí en todas estas historia es la única estrategia que funciona, parece que estamos creando un imaginario colectivo.

¿Nos están enseñando a sobrevivir solos?

Haber, haber.... no estoy loco (aunque lo parezca) ni tampoco me coloque el gorro de aluminio... peeeerrrroooooo... bueno no digo que exista una conspiración.

No creo que haya una habitación secreta en Hollywood, donde se junten los amigos de Epstein diciendo:

«Compañeros, tenemos que conseguir que la población deje de confiar en la comunidad. Para ello necesitaremos siete películas de familias encerradas y tres de criaturas nocturnas.»


 Esta claro que no... ¿¿ o si??...lo que si esta claro es que cuestión, el cine recoge las pulsiones de una sociedad, las amplifica y después se las devuelve convertidas en imágenes.

Es un circuito, en la sociedad existe determinado caldo de cultivo que lo recoge la ficción, volcándola nuevamente en ella. Y si una sociedad empieza a perder confianza en sus instituciones, en su futuro o en su capacidad de resolver problemas colectivamente, es lógico que esas ansiedades aparezcan en sus historias.

Pero existe una segunda parte, y es que cuando esas historias se repiten, también contribuyen a construir nuestra imaginación del futuro. Y creo que esa es la clave, porque quizá nadie esté intentando inculcarnos nada.... simplemente estamos empezando a ser incapaces de imaginar otra cosa.

Podemos resumir la diferencia de una manera bastante brutal.

En la ciencia ficción clásica podía preguntarse:

¿Cómo salvamos a la humanidad?

El cine contemporáneo de supervivencia pregunta:

¿Cómo salvo a mi familia?

Y estas son preguntas radicalmente diferentes, en una se requiere una organización y la otra requiere protección.

Mientras que una necesita la cooperación de muchos individuos para ese fin, la otra necesita confianza dentro del pequeño grupo. Una planificación a largo plazo y la otra necesita llegar vivo a mañana. Y acá aparezca el verdadero cambio cultural.

Hemos dejado de imaginar el futuro como proyecto y hemos empezado a imaginarlo como amenaza.

Y entonces llegó COVID

Como olvidar la pandemia.... obvio la pandemia no creo este tipo de cine películas como Calle Cloverfield 10, Llega la noche, Un Lugar Tranquilo o Bird Box ya existían antes de 2020, pero el COVID pudo actuar como un catalizador brutal de este imaginario.

Porque durante unos meses y para millones de personas durante mucho más tiempo, vivimos literalmente una versión suavizada de muchas de estas premisas.


La casa se convirtió en refugio, las calles quedaron vacías, el contacto con los demás podía representar un riesgo, las comunicaciones se volvieron esenciales, la información cambiaba constantemente, las autoridades dictaban instrucciones, los supermercados se convirtieron en lugares de ansiedad. Y así millones de personas experimentaron algo que hasta entonces parecía exclusivamente cinematográfico:

el mundo cotidiano podía dejar de funcionar de un día para otro.

La pandemia también nos recordó algo incómodo, y es que nuestra vida depende de una gigantesca red de instituciones, infraestructuras y personas que normalmente ni siquiera vemos.

Y cuando empiezas a desconfiar de esa red, la imaginación se repliega.

¿Qué queda si todo falla? Mi casa.... Mi comida.... Mi familia.... Mis recursos... Yo... mi papel higiénico.

El verdadero monstruo es la desconfianza

Por eso Await Further Instructions me parece una película especialmente importante dentro de este recorrido, porque en esta película el monstruo ni siquiera necesita aparecer.

Tenemos una televisión, de esta se desprende instrucciones y hay una familia encerrada. Presentándonos este problema fundamental, el de ¿quién está diciendo la verdad? Esa es una pregunta es extraordinariamente contemporánea.

En Dejar el mundo atrás (dentro de mi opinión, de todas estas películas es la que más me ha gustado) ocurre algo parecido. El problema no es solamente la catástrofe, es que nadie sabe interpretarla que esta ocurriendo, ni quién tiene razón.

No podemos fiarnos de la información, ni confiar en el gobierno, ni del vecinos. Llevando esta desconfianza a no poder confiar en nuestra propia percepción.

La amenaza exterior importante, pero la pérdida de confianza es lo que destruye la posibilidad de cooperación.

Y aquí aparece China

Y aquí es donde la cosa se pone chida... ejjeje


Porque mientras buena parte del cine occidental contemporáneo parece obsesionado con la pregunta , ¿cómo sobrevivimos cuando todo se derrumba?, la ciencia ficción china sigue haciendo otra pregunta que me parece potentisima , y es ¿qué podemos construir para impedir que la humanidad se derrumbe?. El ejemplo más evidente es La Tierra Errante de de 2019 dirigida por Frant Gwo y basada en la novela corta del mismo nombre del autor chino Liu Cixin, ganador del Premio Locus y el Premio Hugo.

La premisa es casi delirante, el Sol está condenado y la humanidad decide construir gigantescos motores para sacar la Tierra de su órbita y trasladarla a otro sistema. En esta pelicula no hay una familia escondida en una casa, ni un pequeño grupo esperando que pase la tormenta, es la humanidad entera es el protagonista.

Y en La Tierra Errante 2 esta dimensión colectiva se amplía todavía más, vemos una total participación en un proyecto cuya escala es literalmente planetaria, y con esto nos alejamos de ¿como salvo a mi hijo?, a ¿qué tenemos que construir para que nuestra especie tenga futuro?


Y antes de que lo digas, lo sé… la comparación puede resultar un poco tramposa, La Tierra Errante es una superproducción de una escala difícilmente comparable con buena parte de las películas que estamos comentando. Pero incluso si buscamos ejemplos occidentales de gran presupuesto, como Interstellar o la más reciente Proyecto Salvación, seguimos encontrando una narrativa articulada alrededor de figuras individuales que terminan cargando sobre sus hombros el destino de la humanidad. En La Tierra Errante, en cambio, ocurre algo radicalmente distinto: el colectivo es el verdadero protagonista y el motor (y nunca mejor dicho) de la historia. No hay un héroe capaz de salvarnos por sí solo; hay una civilización entera intentando encontrar una solución a un problema que ningún individuo podría resolver. 

Lo curioso es que es innegable que China y su ciencia ficción, todavía mira hacia adelante. Este fenómeno no puede recordarnos más a la ciencia ficción occidental de mediados del siglo XX que al Hollywood actual, a autores como Asimov, Arthur C. Clarke, etc.


Nos recuerda a ese momento en el que la ciencia ficción no estaba solamente interesada en imaginar cómo sería el fin de la civilización, sino en imaginar qué podría llegar a ser la civilización, el espacio, la ingeniería, las ciudades futuras, la energía, la colonización, la tecnología y la humanidad transformando su entorno. Donde los problemas gigantescos requieran soluciones gigantescas.

No significa que el cine chino sea inocente, ni que su visión colectiva carezca de una dimensión política o propagandística... esta claro que la tiene y justamente por eso resulta interesante. Porque incluso cuando transmite una visión ideológica, sigue imaginando un futuro.

Quizá podamos resumir todo este asunto en dos ideas.

Idea occidental contemporánea

  • Una casa.
  • Una familia.
  • Las ventanas cerradas.
  • La televisión no funciona.
  • Hay algo fuera.
  • No sabemos qué es.
  • No sabemos cuánto tiempo podremos aguantar.
  • Tenemos comida para unos días.
  • No podemos confiar en nadie.
  • Hay que sobrevivir.

Idea de La Tierra Errante

  • La Tierra.
  • Miles de motores.
  • Millones de personas.
  • Científicos.
  • Trabajadores.
  • Naciones.
  • Una civilización entera construyendo una máquina imposible.
  • Hay que encontrar un futuro. 

Y quizá ambas ideas estén hablando exactamente del mismo miedo, de que futuro puede ser hostil. Con la diferencia de las respuestas que dan a este, una nos dice “protégete” y la otra nos dice “organízate”. 

Pero, ¿que ha pachado?


Yo no tengo una respuesta definitiva, y quizá sería arrogante pretender tenerla (¿arrogante yo?... ¡¡naaaaaaa!!)

El cine responde a muchas cosas: economía, industria, tendencias, plataformas, tecnología, experiencias históricas y, por supuesto, a lo que el público quiere consumir. Hace unos años estábamos sumergidos en la vorágine del cine superheroico y mira ahora.

Pero me cuesta creer que la repetición de esta plantilla durante tantos años sea completamente inocente en el sentido cultural. No porque alguien las esté imponiendo, sino porque algo de nosotros las está pidiendo.

Ese miedo a perderlo todo y de depender de otros, el miedo a que las instituciones fallen, de que nadie venga, de que nuestros hijos no tengan un futuro mejor. Y quizá, sobre todo, el miedo a que los grandes problemas de nuestro tiempo sean demasiado grandes para que podamos solucionarlos colectivamente.

Por eso resulta tan tentadora la fantasía del refugio, porque el refugio promete algo que la sociedad ya no puede garantizar y eso es el control. En esa linea que trazamos en el suelo donde decimos, aquí están mis cosas, aquí está mi familia, aquí están mis reglas, aquí sé qué puedo hacer....y aquí puedo cerrar la puerta.


El problema no es que queramos sobrevivir

Sobrevivir es bastante normal, todos en una situación así queremos sobrellevarlo lo mejor posible. Pero creo que el problema aparece cuando la supervivencia es lo único que somos capaces de imaginar. Porque una civilización que solo imagina cómo resistir el próximo desastre tiene dificultades para imaginar qué quiere construir después.

Y aquí es donde creo que se encuentra la diferencia fundamental, q
uizá la gran pregunta que deberíamos hacerle al cine fantástico contemporáneo no sea:

¿Por qué hay tantos apocalipsis?”

Sino:

“¿Por qué nos cuesta tanto imaginar qué viene después?”

Porque podemos imaginar el monstruo, la pandemia, el colapso, la guerra, la casa cerrada, al padre protegiendo a sus hijos, al individuo sobreviviendo. Lo que cada vez parece más difícil es imaginar a millones de personas organizándose para construir algo que todavía no existe.

Y eso sí me parece una cuestión preocupante, no porque el cine nos esté adoctrinando, sino porque quizá el cine esté reflejando algo que ya estaba dentro de nosotros. Hemos empezado a imaginar el futuro como algo de lo que hay que protegerse, en lugar de como algo que podemos construir.

Quizá ese sea el verdadero monstruo que lleva diez años entrando por nuestras pantallas, no los zombies, ni las criaturas o las pandemias, sino la pérdida de la capacidad de imaginar un futuro colectivo.

Quizá el mundo real sea menos pesimista que nuestras películas

Hay una última cosa que quiero añadir antes de cerrar esta parrafada que me mande, porque después de toooodooooo lo que he escrito, alguien podría pensar que estoy diciendo que nos hemos convertido en una sociedad de individuos egoístas, incapaces de confiar en los demás y obsesionados únicamente con nuestra propia supervivencia.

Y, sinceramente, no creo que sea verdad.

También hay que recordar una cosa: estamos hablando, fundamentalmente, de películas de terror y el terror no está diseñado para mostrarnos nuestra mejor cara. El terror tal como esta construido busca el miedo, la sospecha, la desconfianza, la violencia, el aislamiento. Quiere preguntarnos qué ocurriría si desaparecieran el contrato social que mantienen nuestra vida cotidiana en funcionamiento.

Por eso haya que mirar también hacia fuera de la pantalla, porque si observamos lo que ocurre en el mundo real cuando llegan las catástrofes, encontramos una imagen distinta.


Durante la pandemia vimos algo que probablemente habría sido difícil de imaginar unos meses antes: personas organizándose espontáneamente para ayudar a otras, gente haciendo la compra a sus vecinos mayores, personas cuidando de quienes no podían salir y redes de voluntarios.

Personas que, sin conocerse, decidían que alguien que vivía unas calles más allá también era, de alguna manera, responsabilidad suya. Por algo hacíamos, el gesto de salir a aplaudir a las 8 por los médicos, que se jugaban su vida por los demás.

Y algo parecido volvió a ocurrir aquí, en Valencia, durante la DANA.

Cuando las infraestructuras quedaron desbordadas y hubo lugares a los que la ayuda institucional tardó en llegar, aparecieron miles de personas con sus propios medios.

Gente agarrando el coche, llevando herramientas, llevando comida, limpiando barro, organizando almacenes improvisados o gente preguntando simplemente,¿qué hace falta?


Y en situaciones parecidas en otros lugares como en terremotos y catástrofes.

No digo que la solidaridad sea perfecta, ni que las sociedades reaccionen siempre bien, ni que el ser humano sea una criatura angelical que, cuando llega el desastre, descubre inmediatamente el poder del amor y la amistad.

También existen saqueos, violencia, acaparamiento, desconfianza, egoísmo. Por supuesto que existen, pero precisamente por eso me parece interesante, porque la realidad parece ser mucho más contradictoria que nuestras películas.

Cuando llega una catástrofe, algunas personas intentan salvarse.

Pero otras hacen algo que resulta bastante menos espectacular cinematográficamente, ayudan a alguien que no conocen.

Y tendría que darme cuenta que el cine contemporáneo esté obsesionado con el individuo, porque el miedo funciona mejor cuando nos deja solos, donde el vecino resulte una amenaza para que la casa se convierta en un refugio, y pensar que nadie vendrá para que el protagonista tenga algo contra lo que luchar.

Pero la realidad nos demuestra que cuando las estructuras fallan, no siempre nos encerramos y salimos de casa.

Llevamos años haciendo películas sobre personas que cierran puertas para sobrevivir.

Mientras tanto, cada vez que ocurre una desgracia, encontramos personas que hacen lo contrario, abren las puertas.

Porque si algún día llega de verdad ese apocalipsis que tanto nos gusta imaginar en el cine, quizá descubramos que nuestra mejor posibilidad de supervivencia no estaba detrás de una puerta cerrada, estaba al otro lado con los demás.

Y solo quizás no hayamos olvidado cómo ayudarnos, sino simplemente hemos olvidado cómo imaginarlo en las películas.